- Longitud de la línea: 366 kilómetros de vía única sin electrificar.
- Provincias que atraviesa: 3 (208 Km. en Burgos, 113 Km. en Soria y 45 Km. en Zaragoza).
- Altitud mínima: Calatayud (523 metros).
- Altitud máxima: Pinar Grande (1174 metros).
- Estaciones, apartaderos y apeaderos: 57.
- Túneles: 15 (el mayor de 592 metros).
- Puentes: 35 (el mayor de 70 metros) y 1 viaducto de fábrica (128 metros).
- Tipo de carril: Acero de 45 Kg/m.
En una época en la que las carreteras eran poco más que pistas de tierra, en la que la capacidad de los camiones era minúscula y en la que tener un vehículo propio era algo que sólo los muy pudientes podían permitirse, la existencia de un ferrocarril que atravesara la península de manera no radial y que además comunicara el Cantábrico con el Mediterráneo era algo muy atractivo tanto estratégica como comercialmente.
Pero como todas las buenas ideas, cuando se dejan a medias, cuando se cruzan otros intereses o cuando simplemente la dejadez se apodera de ellas, éstas fracasan estrepitosamente.
La historia del Santander-Mediterráneo es una mezcla de esos tres males: no se llegó a finalizar, hubo muchos intereses políticos y además la dejadez quiso que el posterior intento de terminarla también quedara a medias.
Así y todo fue un línea que en los tramos construidos unió muchos pueblos y los llenó de vida. Estos pueblos han quedado en su mayoría incomunicados por transporte público tras el cierre definitivo de la línea el 1 de enero de 1985.
Un poco de historia
El Santander-Mediterráneo fue un proyecto de ferrocarril que nació a principios del siglo XX (subastado en 1924), con el propósito de unir los puertos marítimos de Santander y Valencia por tren (732 km.), y para dar una rápida salida marítima a las mercancías procedentes de las provincias interiores por las que se pretendió que circulase. Éste se habría encargado de transportarla hasta Valencia en pocas horas, a diferencia de la semana que empleaba un barco mercante en cubrir la navegación alrededor de la costa de la Península Ibérica. Allí, otro navío podría haber proseguido su camino para transportar la carga a su destino final. Lo mismo sería posible en sentido inverso. Además, daría una salida marítima rápida a las mercancías originarias de la Meseta.